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Revolución del aprendizaje - trabajar mucho, jugar mucho

A contracorriente

La previsión y la determinación de una profesora para transmitir la perspectiva global del IB a todos los alumnos de su colegio de Beirut les ha permitido ver una nueva forma de aprender y les ha cambiado la vida para siempre, afirma Reem Haddad

Artist painting

En ocasiones, los oye desde la ventana de su oficina: un repentino alzarse de voces que suben y bajan al unísono. Suena una guitarra. Ella sonríe para sus adentros. Mishka Mourani, vicepresidenta adjunta y directora de educación secundaria del International College (IC) de Beirut, conoce bien a sus alumnos. Algunos son alumnos del IB, otros son del bachillerato libanés o francés, o del “College Preparatory”. De los 650 alumnos de las secciones inglesa y francesa de secundaria, solo 50 son oficialmente del Bachillerato Internacional, pero de alguna manera parecería que gran parte de los alumnos han contraído el virus del IB.

“El Programa del Diploma del IB ha influido en toda la cultura de la escuela secundaria”, sostiene Mourani. “Ha cambiado en muchos sentidos.”

Cuando Edmond Tohme, presidente adjunto del IC, propuso adoptar el Programa del Diploma en los años noventa, Mourani supo que eso era exactamente lo que el colegio necesitaba. El país acababa de salir de una guerra civil y buscaba un cambio.

Mourani llegó al IC como profesora de inglés en 1975, el mismo año en que comenzó la guerra en Beirut. Durante los dieciséis años siguientes, el colegio luchó para mantener sus puertas abiertas. Cuando las batallas arreciaban en las cercanías, llevaban a los niños a los salones o los enviaban rápidamente a casa durante las treguas en la lucha. En 1991 la guerra terminó tan abruptamente como había comenzado. Era hora de que el colegio se uniera a otros colegios internacionales. La única preocupación con respecto al Programa del Diploma era que, de acuerdo con las leyes libanesas, solo se podía ofrecer a aquellos que estaban eximidos del idioma árabe, en otras palabras, a los extranjeros o los libaneses con doble nacionalidad.

Mourani quería que todos los alumnos del colegio se beneficiaran con la perspectiva del IB. No entendía por qué Creatividad, Acción y Servicio (CAS) debía limitarse a los alumnos del IB. Entonces creó un programa de servicios comunitarios de tres años y lo convirtió en requisito para la graduación. Algunos padres protestaron. Algunos alumnos se resistieron. El programa iba contra las tradiciones locales. Ayudar a un amigo o un pariente era una cosa, pero extender esa ayuda a desconocidos necesitados era algo muy diferente. Los padres sostenían que sus hijos eran demasiado pequeños para ver la pobreza y la desesperación.

Mourani insistió. Los alumnos no se graduarían de otro modo. Entre los que se oponían a ella estaba Shawky Amineddine, un estudiante del bachillerato libanés que decía que quería concentrarse en sus estudios. Pero no tuvo alternativa. Hoy es director de su propia organización, Volunteers With No Constraints (”voluntarios sin restricciones”), en la que él y otros 250 adolescentes ofrecen su tiempo para ayudar voluntariamente. El programa de servicios comunitarios del IC tuvo un éxito tan resonante que otros cuatro colegios de la zona siguieron su ejemplo.

Sin embargo, Mourani no estaba satisfecha: quería que más estudiantes se beneficiaran con el IB. A comienzos del siglo xxi, y como consecuencia directa de la Monografía y el curso de Teoría del conocimiento (TdC), el IC presentó un programa de “pensamientos y problemas” en el primer ciclo de secundaria, y en 2006 estableció proyectos interdisciplinarios obligatorios para todos los alumnos de secundaria.

“TdC abrió los ojos de los docentes a la idea de que no todo cabe bajo el paraguas de las matemáticas y la física, o del inglés y la geografía”, comenta Mourani. “Comprendieron que, más allá de la estratificación que proporcionan las diferentes disciplinas, hay cosas que vinculan el conocimiento humano.”

Había otro aspecto del currículo del IC que preocupaba a Mourani. Durante años había sentido que los alumnos no recibían suficiente formación en arte, música y teatro. El currículo libanés no los consideraba temas prioritarios. Para compensar eso, el IC ofrecía una amplia variedad de actividades extracurriculares, incluso música y arte, pero era difícil convencer a los padres de que inscribieran a sus hijos en ellas, y los propios alumnos mostraban escaso interés.

Mientras tanto, los alumnos del Programa del Diploma destacaban en sus cursos de artes; eso impulsó a Mourani a introducir clases optativas de artes que cuentan para el programa de bachillerato francés y artes visuales.

En el aula de artes, Samia Boulad, directora del departamento, supervisa los preparativos para la exposición de arte del IB de este año. “Hemos recorrido un largo camino”, sostiene Boulad. “Si el arte no hubiera estado integrado, muchos talentos habrían quedado ocultos.”

Con orgullo, señala a una alumna que trabaja a unos metros de distancia. Oficialmente hoy es feriado, pero, mientras sus compañeros esquían en las cercanías, Sharifa Roushdy, de 18 años, está ocupada completando su proyecto de arte del Programa del Diploma. “Prefiero estar aquí”, afirma. “Antes no sabía cuánto amaba el arte.” Piensa estudiar historia del arte en la universidad.

Cerca de allí, el aula de música se está llenando de alumnos que se suman a sus amigos del IB durante el recreo. Anwar Bizri, de 17 años, no se pierde una oportunidad para sacar su guitarra y tocar. “Desde que empecé el Programa del Diploma me siento más liberado”, comenta Anwar. “Antes tenía una mentalidad más cerrada.”

En la actualidad el IC tiene un club de música clásica, uno de compositores, un coro juvenil y de mayores, un coro infantil y dos clubs de artes interpretativas que combinan canto y danza, además de clubs de teatro en tres idiomas en todos los niveles.

“El Programa del Diploma del IB ofrece a los estudiantes la posibilidad de ver que pueden satisfacer sus necesidades de expresión personal y creatividad”, agrega Mourani, “abordando cuestiones que son importantes para ellos a través de las artes y el teatro. Esas necesidades son centrales para nuestra misión. Ansiábamos ofrecer estos servicios antes, pero no había interesados. Ahora los hay, ¡y son entusiastas y talentosos!”

 

Aprender del Programa del Diploma del IB

Ben Allanson, del Kings College School, Wimbledon (Reino Unido), veía que sus cursos no eran lo que la mayoría de la gente imagina.

Hay una pregunta que la mayoría de los alumnos de secundaria conoce bien: “¿Qué estudias?”. Se puede usar para romper el hielo en todo tipo de situaciones. En el Reino Unido, donde aún predomina el sistema denominado “A-level”, una lista de seis asignaturas (en vez de tres) suele provocar miradas de desconcierto. Lo primero que piensan casi siempre aquellos que no están familiarizados con el IB es que uno debe ser excepcionalmente brillante y esforzarse mucho, a expensas de su vida social.

En mi experiencia, el preconcepto de que el curso requiere un trabajo intenso es, en realidad, acertado, aunque no necesariamente toma todo el tiempo de un estudiante. La clave está en organizarse y, más importante aún, ser conciso. Aprendí bastante rápidamente que no tenía que pasar todo un fin de semana con un ensayo de historia. Si me despertaba a una hora razonable y hacía la investigación necesaria, podía elaborar un plan en un par de horas y resolver el ensayo en otras dos horas. Elegir solo el material pertinente significaba que yo podía recortar mis ensayos de manera tal que solo incluyeran la información pertinente. Esta es una consecuencia muy positiva de los cursos de trabajo intensivo: aprender a poner mucho en un espacio pequeño, dejando más tiempo para hacer las cosas que uno quiere.

Obviamente, el curso del IB no es para todos. Es imposible crear un sistema perfecto, pero no es solo para los superbrillantes. Cualquiera que desee tener éxito y aprender puede beneficiarse con el IB. Lo que puede resultar difícil para algunos es que la amplitud del curso implica estudiar asignaturas que no les interesan. Ese es un defecto que suelen advertir los no iniciados, pero, con el conocimiento que da la experiencia, puedo afirmar que estudiar asignaturas que antes del curso me parecían poco interesantes ha resultado beneficioso. Inglés me ha gustado particularmente.

Aunque el curso es intensivo y exige trabajo, deja tiempo para otros compromisos. El IB no es solo apto para los inteligentes. En este programa se enseñan habilidades valiosas para el futuro y puede incluso despertar el interés en algo que anteriormente había sido descuidado, permitiendo al mismo tiempo que continúen participando en proyectos fuera del colegio como en el caso del programa CAS y la Monografía.